Nematodo.. © INRA, Vérnique Gavalda

Antiparasitarios

Pascale Mollier et Delphine Achour
Actualización: 20/06/2017
Publicación: 07/12/2015

Los parásitos intestinales, pulmonares o cutáneos nos afectan a las personas igual que a los animales. El Premio Nobel de Medicina 2015 recompensó el desarrollo de medicamentos antiparasitarios para personas, y el INRA junto con la Escuela Nacional de Veterinaria de Toulouse ha trabajado en sanidad animal, arrojando luz sobre la dinámica «One Health»: una medicina única, una sanidad única.

La atribución del Premio Nobel de Medicina 2015 al desarrollo de medicamentos antiparasitarios1 recuerda el gran desafío que supone la lucha contra las enfermedades parasitarias en la sanidad pública y animal. Con las avermectinas se pueden tratar las parasitosis, como la oncocercosis (ceguera de los ríos) o la filariasis linfática, que afectan a unos 150 millones de personas en todo el mundo. Sin embargo, las avermectinas se crearon en principio para el ganado, para luchar contra parásitos intestinales, cutáneos y pulmonares. La historia de estos fármacos ilustra a la perfección la dinámica «One Health» (una medicina única, una sanidad única), que tiene un enfoque compartido entre personas y animales.
Desde la comercialización de las avermectinas en los años ochenta, el INRA y la Escuela Nacional de Veterinaria de Toulouse (ENVT) han contribuido en gran medida a la comprensión de sus mecanismos de actuación y a su uso en ganadería. Los experimentos se centran en ganadería bovina, caprina, ovina y equina, pero también en especies más exóticas (camellos, cebúes, etc.) y mascotas.
Se han publicado más de 200 artículos al respecto desde 1980 en revistas con comité de lectura. Este informe recopila los principales resultados de estas investigaciones.
1 Artemisinina, de origen vegetal, contra el paludismo; y avermectinas, de origen bacteriano, contra los parásitos intestinales, linfáticos, pulmonares y cutáneos.

AVANCES DESTACADOS DEL INRA

Años 1980-2000:

  • La hipodermosis, una enfermedad parasitaria bovina, fue eliminada en Francia gracias al estudio de la epidemiología y de la biología del parásito (larvas de una mosca) y a la recomendación de usar microdosis de ivermectina (0,002 mg/kg), eficaces al 100 % en el primer estadio larvario (más información en el quinto artículo de este informe).

Años 1990-1980:

  • Si se emplea la ivermectina de forma incorrecta, puede ser un agente contaminante de alimentos: demostración de la persistencia de la ivermectina en la leche en las dosis recomendadas (0,2 mg/kg) y justificación de su establecimiento reglamentario durante los períodos de lactancia (más información en el cuarto artículo de este informe).
  • Con la adaptación de la posología se han podido reducir considerablemente las dosis de ivermectina administradas y modificar las vías de administración para limitar en gran medida sus efectos no deseados sobre el medio ambiente.

Años 2000-2010:

  • Se descubre que la ivermectina, en aplicación percutánea en ganadería bovina, se ingiere y después se elimina en su mayoría a través de las heces, a causa de los comportamientos orales de los animales, por ello, nace el interés por la inyección subcutánea (más información en el tercer artículo de este informe). También se entiende por qué la ivermectina es tóxica en individuos hipersensibles de ciertas razas de perros (más información en el primer artículo de este informe).
  • Del 2010 a la actualidad. Las investigaciones actuales intentan anticipar y retrasar la aparición y difusión de resistencias a la ivermectina en parásitos (más información en los artículos primero y segundo de este informe).